La UE reconoce que estamos lejos de alcanzar el objetivo de reducir la siniestralidad vial a la mitad en 2030

La UE reconoce que estamos lejos de alcanzar el objetivo de reducir la siniestralidad vial a la mitad en 2030


La revisión que ha hecho la Unión Europea de la aplicación de su política en materia de seguridad vial (2021-2030) muestra que, aunque se han realizado avances, el ritmo de mejora en muchos Estados miembros es insuficiente para alcanzar el objetivo marcado.

 

Según el informe de la Unión Europea, en 2024, 19.940 personas fallecieron en las carreteras europeas, lo que representa una disminución del 12 % desde 2019, muy por debajo de la reducción anual del 4,6 % necesaria para alcanzar los objetivos de 2030.
 

Los accidentes de tráfico siguen generando enormes costes para la economía de la Unión, estimados en aproximadamente el 2 % del PIB, sin olvidar que hasta 100.000 personas sufren lesiones que les cambian la vida cada año.


Un problema de comportamiento, no de desconocimiento

Según el informe, las carreteras secundarias siguen siendo las más peligrosas y los usuarios vulnerables concentran casi el 70 % de las víctimas mortales en zonas urbanas. En cuanto a las causas de la siniestralidad vial, el informe identifica cuatro factores de riesgo que siguen presentes década tras década:
 

  • Alcohol: el 25 % de las muertes están relacionadas con la conducción bajo sus efectos.

  • Velocidad: causa directa del 30 % de los fallecimientos.

  • Distracciones: presentes en entre el 10 % y el 30 % de los siniestros mortales.

  • No uso del cinturón: más de una cuarta parte de los fallecidos no lo llevaba abrochado.


Estos datos confirman lo que la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) lleva años defendiendo: el problema no es el desconocimiento de las normas, sino la falta de interiorización y de concienciación vial. Los conductores saben qué deben hacer, pero no siempre lo hacen. Y esa brecha entre saber y actuar es la que sigue costando miles de vidas.


Formación obligatoria, reciclaje y sensibilización real

A la luz de este diagnóstico, CNAE considera imprescindible reforzar la formación vial desde tres frentes:

  • Módulos obligatorios de sensibilización en las autoescuelas, impartidos por profesionales y con participación de víctimas de tráfico.

  • Formación continua a lo largo de la vida, con reciclaje periódico de los conductores.

  • Actualización de conocimientos en sistemas ADAS, cada vez más presentes en los vehículos y cuya correcta utilización requiere formación específica.

Sin un cambio profundo en la cultura vial, los avances tecnológicos y las mejoras normativas no bastarán para reducir la siniestralidad.
 

Nuevos desafíos: movilidad personal, envejecimiento y automatización

El informe europeo también advierte de retos emergentes y, como hemos señalado, la formación es clave para reforzar la seguridad vial en estos ámbitos. 

  • El auge de los patinetes eléctricos y otros dispositivos de movilidad personal.

  • El envejecimiento de la población, que incrementa la vulnerabilidad.

  • La llegada progresiva de vehículos automatizados, que exige nuevas reglas y capacidades de supervisión.

 

Propuestas comunitarias

Para acelerar el progreso, la Unión Europea plantea medidas en cinco áreas prioritarias:

  • Infraestructuras más seguras y sistemas de transporte inteligentes.

  • Refuerzo del cumplimiento de las normas y disuasión de malas prácticas.

  • Avances en tecnologías de seguridad vehicular.

  • Regulación de nuevas formas de movilidad.

  • Más investigación en seguridad vial.

 

Además, destaca ejemplos de éxito como el límite de 30 km/h en zonas urbanas en España, la red de cámaras automatizadas de Francia o las campañas basadas en evidencia de Dinamarca.

 

Educación y sensibilización: un pilar aún débil

La Comisión anuncia que seguirá impulsando el intercambio de buenas prácticas en educación vial a través de la Carta Europea de Seguridad Vial, el programa EU Road Safety Exchange y futuras líneas de financiación como Erasmus+.

Pero, como recuerda CNAE, sin una apuesta decidida por la formación y la concienciación, Europa no logrará revertir la tendencia. La reducción de víctimas no depende solo de normas o sanciones: exige un cambio cultural profundo y sostenido.